Detén el mundo

Alcánzame el paraíso,
dame a beber
de tu edén,
de tu polen,
de tus labios,
de tu elixir de mujer.
Pon el cántaro
en mis ojos,
derrama tu néctar virgen,
cúbreme de intimidades
desde tus labios
en flor.
Acerca tu fruto terso
a mi sed de hombre maduro,
déjame dormirme en él
y, después, detén el mundo.