La oruga (30-11-07)

La oruga es un personaje
de apetito insospechado;
es tal su voracidad
que puede comerse un árbol
en menos que canta un gallo.

El político es igual: un gusano muy extraño,
en cuanto llega al poder,
devora todo a su paso
pudiendo destruir un pueblo
y la paz con un plumazo.

Insaciables y obstinados,
cáusticos, crueles y avaros,
son intestinos vivientes;
la una hace leña el árbol,
el otro al pueblo amarrado.

La oruga se hace crisálida y un día se va volando...
Pero el político muere
aferrado a sus denarios;
para él no hay otro vuelo
que aquel que lo lleva al diablo.

¿Qué pensarán los gobiernos
hurtando al pueblo el dinero?
¿Pensarán que dentro al féretro,
con su apestoso pellejo,
podrán llevarlo al infierno?

Aún los pueblos dormidos
despiertan de amargos sueños,
y para que haya memoria
sigo escribiendo mis versos.
¡Ojalá un día despertemos!

p.113-114