Me acostumbré

Me acostumbré
a tu cariño,
a tu perfume
a tus mimos,
a los días que vivimos
idilios de no olvidar.

Me acostumbré
a tu sonrisa,
a tus noches,
a tu olor,
a la horma de tu cuerpo
que con el mío floreció.

Me acostumbré
a descubrir
una promesa en el beso
de la diosa del Olimpo,
como en los tiempos de Homero.

Me acostumbré a tu ternura,
mariposa del silencio,
a tu miel
y al trigo fresco,
antes de emprender el vuelo.