Para el camino

De los prados
de tu cuerpo
debí robarme
una fresa,
de esas que tomé
en los dedos
y atormenté
con mis besos.
Debí robarme
un cariño
de tu boca tierna y fresca,
o haberme muerto
feliz,
sobre el capitel dorado
que sostenían tus piernas.

Robarte
una intimidad
para rumiar de camino,
la manzana
de tu amor
o una de tus lunas llenas
donde quemé
mis delirios.
Se perdió el hilo
de Adriana
y es oscuro
el laberinto.
Sólo tu esencia bendita,
me señala tu camino.