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LLAMA y CENIZAS
PARA NO OLVIDAR
Diseñador Juan Pablo

Juan Pablo Hernández

Soy un artista y diseñador de Costa Rica, que desde temprana edad me he dedicado apasionadamente al arte plástico y el diseño creativo. Unido a ello, mi afición por la música, filosofía y teología, han sido fundamentales en mi desarrollo personal y profesional.

Desarrolladora Diana Chavarría

Diana Isabel Chavarría Morales

Soy una desarrolladora web creativa de Costa Rica, mi pasión es darle vida a la interfaz de usuario a través de interacciones y animaciones. Soy aventurera, artifice, aficionada al estudio y aprendizaje constante atravez de los libros.

Diseñador Josue Vargas

Josue David Vargas Barquero

Soy un diseñador creativo con enfoque en interfaces web, animaciones y diseño interactivo de Costa Rica. Defino el diseño visual de un proyecto, desde el inicio hasta que termine y se le entregue al cliente. Ocurrente, amante de Dios, aficionado a la lectura y me considero un hábil gamer.

Domingo Ramos Araya. © Todos los derechos reservados

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Luis Ferrero

Escritor, ensayista e investigador

Revista Nacional de Cultura. UNED. Nº3. Mayo 1989. Premios Nacionales 1988.

Oí en Francfort a Albert Mangelsdoff decir algo de las nuevas posibilidades expresivas del trombón, su técnica de las voces simultáneas, que él explicaba así: “Yo toco, por ejemplo, la nota fa, al mismo tiempo canto en el trombón la nota si, y el tercer tono del acorde en re vibra entonces paralelamente como armónico superior, a causa de la formación de tonos diferenciales”. Y cuando esto explicaba decía: “El jazz es feeling. Sin lo tradicional no se puede hacer jazz, tampoco lo más moderno”.

Religo estos recuerdos cuando contemplo algunas esculturas de Domingo Ramos. De aprendiz joven, él estuvo bajo la influencia indirecta del taller escultórico de Juan Rafael Chacón. Por ende, se le despertó la vocación por tallar duras rocas. Cursando estudios en Carrara, siente la vocación del arte no figurativo al pulir amorosamente mármoles. Y cuando se decide por obra propia, escoge un arte juvenil con la experiencia y el dominio de una generación mucho mayor en edad. Y plasma sus imaginaciones abstractas.

Ahora, cuando contemplo sus esculturas siento que son feeling. Siento que aúnan la tradicional talla con modernas ansias abstractas como nuevas posibilidades expresivas de un subconsciente colectivo. Las elementales imágenes de Domingo Ramos son producto de una mitología privada: no conjuran o invocan a dioses, ni tampoco crean un entendimiento colectivo mediante un común lenguaje de signos. Sobretodo son una cosa: su nostalgia de los orígenes. Son revelación de su conciencia. Son signos que divagan en su ser, que se dan a sí mismos, se deshacen y rehacen incesantemente. Son síntesis dada como percepción, emoción, imagen o conciencia. Son conciencia que se proponen sin importar que sean esculturas bellas o conmovedoras. De ahí que las obras de Ramos gozan de una libertad que se reconoce a sí misma con alegría. Que son un estado armónico entre la imaginación y el entendimiento que propone al mundo una síntesis escultórica no figurativa, construcción material de irreales. De ahí que el material, los planos muy pulimentados, sus concavidades y convexidades que atrapan la luz, constituyen elementos que no representan o imitan, sino que constituyen un objeto por sí lanzado para ocupar un sitio en el espacio.

Pero también Domingo Ramos es mediador. Por su acción creadora surgen obras de un figurativismo abstracto, como tono diferencial de sus imágenes abstractas. Las esculpe a manera de armónico superior, ya en mármol o en granito. Por ejemplo, las que están en la espléndida colección de D. Daniel Yankelewitz. Y como arte auténtico, proponen una mediación que refleja sus alientos, indicándonos los anhelos tópicos (o “lugar de similitud”) que buscan la utopía (o lugar quimérico) pero con un dinamismo que impide que las cosas, los aconteceres, imágenes y personas se mantengan unidas para buscar la heterotopía, los fragmentos del espacio social que se yuxtaponen con otro orden pretendido más originario que el establecido.

Y en esto, Ramos como mediador, es un reflejo como expresión de alientos. Y se comporta con el compromiso terriblemente potente del artista que se expresa por imperativos categóricos. De ahí que la vocación artística es una elección originaria para poseer el mundo. Una vocación que busca la síntesis en sí para sí, mediante la creación de objetos imaginarios concebidos y encontrados por ella.

Y por esta intencionalidad, Domingo Ramos – en su entrega individual a la aventura del vivir – , establece su compromiso de artista. Por eso ocupa un lugar distinguido en la evolución de la escultura moderna costarricense, surgiendo como expresión de una universalidad singular que anhela retotalizar el proyecto histórico de una cultura.